Sonreía junto a ella. Descansó la cabeza sobre su pequeño hombro sintiendo como el corazón le latía cada vez más y más fuerte. Le avasallaron las ganas de rozar su piel, de agarrar su mano y apreciar ese no sequé que en el fondo lo hacía sentir bien, a pesar de todo. Se moría de ganas de besarla, de alzar un poco más la cabeza hasta alcanzar su cuello y rozarlo con la respiración, sintiendo sus latidos aún más fuertes, y así subir lentamente hasta besar sus labios. Pero no, no podía hacerlo... la tentación y sus ganas de hacerlo tuvieron que esconderse ante lo prohibido.. y esos ojos que algún día dijeron lo que jamás otros tuvieron el valor de decir, volverla a ver de esa menera enfrente de mi, mirandonos creyendose lo que sus miradas decian.

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