viernes, 29 de enero de 2010

Es muy fácil de explicar. Cuando estoy en plan de preocuparme, de darle importancia, trascendencia, jerarquía a las cosas, no estalla nada agradable y lo que primeramente me contentaba ya caducó respondiendo a su inevitable carácter efímero (el cual tengo entre ceja y ceja). Mientras que cuando me ablando, pongo la mente en blanco y decido aflojar las rienda llegan los sobresaltos, las buenas nuevas (y no tanto) y los momentos de deliberar sobre cuestiones substanciales. Ok, no era tan fácil.

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